05 Septiembre 2012   |   Ergonomía   |   0 Comentarios

SILLAS - PERCEPCIÓN VISUAL Y CORPORAL. ESTÉTICA VERSUS ERGONOMÍA I

SILLAS - PERCEPCIÓN VISUAL Y CORPORAL. ESTÉTICA VERSUS ERGONOMÍA I

Los estímulos que recibimos visualmente aportan una información a nuestro cerebro del objeto que hemos percibido. A partir de aquí lo podemos definir como: alto, bajo, grande, pequeño, blanco, negro, etc. A la vez lo podemos evaluar y, según nuestro criterio, catalogar como: feo, bonito, atractivo, indiferente, etc. Es decir, le damos un valor estético.

Cuando este objeto lo usa nuestro cuerpo, entramos en la percepción corporal, percibimos las sensaciones de comodidad y confort.

Comodidad es la facilidad de su uso. Confort es la satisfacción que siente nuestro cuerpo cuando lo utiliza. Es la ausencia de molestias físicas (musculoesqueléticas). Cuando usamos un objeto y, a nuestro entender, nos es cómodo y confortable, es que es, casi siempre, ergonómicamente correcto.

Percepción visual de una silla.
Nos centraremos en dos de los usos más representativos que se le dan a una silla: el de la oficina y el del restaurante.

Empezaremos por las oficinas. En una oficina hay básicamente dos tipos de sillas: Las de los empleados y las de los visitantes.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que las sillas se ven, mayoritariamente, por detrás. La visión lateral y frontal no es tan común.
Las confidentes, que son las que están delante de las mesas para recibir a las visitas, o dispuestas alrededor de una mesa de reuniones, son las que más se ven por detrás. Realmente, son las que aportan la imagen "estética" deseada en cada entorno, ya que son las más “vistas”, globalmente, por el público en general. Sin embargo, una vez sentados en ellas se dejan de ver.

Podríamos decir que las sillas que más incidencia estética tienen son las de las salas de espera, ya que todo el mundo las ve globalmente y en perspectiva.

Las operativas, donde se sienta el personal que trabaja, son las menos vistas. Sus usuarios sólo las ven en el momento de sentarse. Las de sus compañeros, si es que las ven, lo harán por detrás, ya que si están sentados no las ven por delante, y si no lo están, la mesa sólo les dejará ver la parte superior del respaldo. El público externo a la oficina aún tiene más restringida la visión global de las sillas operativas.

A partir de estas reflexiones obtenemos una primera conclusión, y es que el asiento de una silla operativa no afecta a la estética del entorno, ya que pocas veces se ve. Y también que la visión frontal y lateral de estas sillas es esporádica y circunstancial.

Cabe añadir que en todas estas observaciones “estéticas” solo se fijan un pequeño porcentaje de usuarios y visitantes, aparte de las personas relacionadas con el diseño de la oficina. En consecuencia, una segunda conclusión es que las características estéticas de una silla operativa son apercibidas por muy pocas personas.

Así pues, en las sillas operativas debe prevalecer la ergonomía. Incluso por encima de la posible carga jerárquica que pueda tener su elección, ya que actualmente, ergonomía, estética y precio pueden no tener una relación de equilibrio en su resultado final.

Es decir, que podemos encontrar una silla con una estética propia de un puesto directivo, a un precio inferior que una ergonómicamente adecuada a un puesto operativo.

Finalmente concluiremos que la “percepción visual” incide prioritariamente en las sillas confidentes. En cambio, damos mayor valor a la “percepción corporal” en las operativas. No obstante, al cabo de una hora de estar sentados en cualquier silla, lo que más nos importa es que la percepción corporal sea positiva.

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