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26 de Abril de 2013

Reflexión sobre el confort, la comodidad y la ergonomía.

La mente busca comodidad, el cuerpo, confort.

Nuestra mente siempre busca la máxima eficiencia en todas sus acciones, es decir, conseguir el mejor resultado con el mínimo esfuerzo.

Pondremos como ejemplo la relación de las sillas con nuestra mente (subconsciente estratégico) y con nuestro cuerpo (subconsciente anatómico), y permítanme utilizar, descaradamente, todas las posibles licencias científicas y académicas necesarias para hacer comprensible esta elucubración.

 “Una silla con ruedas le “dice” a nuestra mente que desplazarnos con ella es muy cómodo. Así, cuando nuestra mente decida "coger algo del mueble que hay detrás", hará que nuestro cuerpo desplace la silla hacia atrás sin dudarlo, ya que es una acción cómoda. No tendremos que levantarnos  para hacerlo. Ganaremos tiempo y ahorraremos esfuerzo, y nuestra mente se sentirá satisfecha, ya que siempre quiere la máxima eficiencia en nuestro funcionamiento”.
Este es el concepto de la comodidad.


 "Sin embargo,  esta misma silla, que es cómoda de usar, tiene que facilitar a nuestro cuerpo el confort suficiente  para que pueda permanecer sentado en ella mucho rato, y además, que en esta postura el cuerpo sienta satisfacción.
Por el contrario, si la silla no fuera confortable, a pesar de que esta fuese cómoda de utilizar, nuestro cuerpo no soportaría estar sentado en ella, porque no la encontraría confortable, y le provocaría insatisfacción. "
Este es el concepto del confort.

En resumen, la comodidad presupone satisfacción en la operativa y el confort, satisfacción anatómica. Un "elemento" es cómodo cuando es fácil de usar. Es confortable cuando su uso nos causa satisfacción. Cuando es cómodo y confortable es eficiente y, por lo  tanto, ergonómico.
Así pues, hay sillas cómodas que no son confortables y viceversa. Y, obviamente, en ningún caso son ergonómicas.

En Kadira siempre procuramos encontrar la silla que mejor se adecue a la operativa a la que se quiere destinar, es decir, que sea cómoda. Y también que sea confortable, es decir, que se adapte, satisfactoriamente, a la anatomía de su usuario.

Finalmente, también queda claro en esta reflexión que la estética queda fuera de estos dos conceptos. Muchas sillas estéticamente "atractivas" no son ni cómodas ni confortables, ni tampoco eficientes ni ergonómicas. La estética, por sí sola, no es garantía de "satisfacción".

 

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