
Contemplar, por este orden, los siguientes valores: eficacia, confort/comodidad y estética.
Utilizar como referentes para determinar las medidas operativas del mobiliario, la antropometría, y en consecuencia, la ergonomía, en vez de la ofimática y de otros aparatos propios de una oficina.
Tener en cuenta las costumbres y los usos cotidianos, propios del personal que utiliza dichos espacios, en vez de las actividades puntuales o transitorias.
Priorizar las operativas estándares de cada puesto de trabajo, en vez de las actividades realizadas por personas concretas, identificables.
Seguir el protocolo propio de la corporación y de su actividad, por encima de las coyunturas puntuales.
Aplicar la perspectiva de género, previendo los puestos de trabajo, como mínimo, al 50%. En cualquier caso, siempre hay...